Desde la posición.
23 de Octubre, 2008Tengo la sensación de que nos engañamos únicamente con la intención de no rescatarnos. Por vagueza de escucharnos. Los bucles me reprimen la voz de cazadora.
Por lo de las alergias, me inyectarón unas 12 moralidades distintas en la piel. No sólo se me hincho el brazo, fue un recurso general de todo el cuerpo. La parálisis respondía a siglos de política instructiva, de eso estoy segura. Antiestamínico por vena para olvidar, rodeada de tanto polen sublime difícil y sin abejas, peor todavía.
Vienen y van los comentarios.
Viene y va el agua hacia el alcantarillado y rebosa y regresa igual de infecta.
Yo me mudo a la inteligencia primitiva. A asociarme de mamut a mamut, simplemente por sentirme en la vida.
Todo lo que sale de mí, tiene el virus de la memoria. Tál vez, arropada por una especie de capítulo histórico podriamos haber dado rienda suelta a todas las represalias.
Saliste corriendo, te alejaste tanto que el feminismo se ahogo junto con algunos textos originales de la época. Algunos de ellos hablaban de las lunas, del amor en esencia.
Sigo enfadada por no haber creado un huracán. Por no haber participado en la remodelación y limpieza del estercolero que trás la caida quedó del paraíso. Sigo enfadada por esa especie de estatismo que no sólo concierne al momento sino también a la mente.
Sigo enfadada, pero sigo, que no se olviden de eso.
Estoy reformulándome, para asi mejor saber. Para ser más cauta.
Hablo del poder. Quiero darle la categoría de anfitrión. Quiero problematizarlo. Quiero ver de cuantos apoyos cuento y asi darle una respuesta, reivindicar mi derecho a equivocarme.
Hablemos del poder de enfadarse, del poder de las disculpas, del poder del desprecio hacia lo que las personas saben hacer. Del poder de la jefa, pero no de la jefa mala, sino de la otra, de la que proclama la igualdad, los derechos, hablemos de la jefa ilustrada.
Hablemos del poder encubierto por una sala repleta de personas que traman la revolución, que se silencian y reproducen el esquema déspota; más tarde que temprano se volverá en contra.
Hablemos del poder de devaluación, de la escasa validez de las palabras dependiendo de la comunicadora. Hablemos de los lazos que en principio son fuertes los mismo que prefieren no apoyarte y disculparse más tarde. Todo en virtud de un escaso ahorro de valoración emocional.
Hablemos de hablar, de decir lo que una piensa sin sonar prepotente como recriminan aquellas prepotentes.
Simplemente a estas alturas, tengo curiosidad por saber, que se contará, qué tipo de historia se hará del feminismo de estos tiempos.
Dejémos que las historiadoras, hagan su trabajo, mujeres por favor, que ya sabemos que a los patanes les gusta ser intelectuales.
El temor de los siglos es algo intrínseco.Una cualidad necesaria para que nada cambie.
Pero, hablemos, decia, de la revolución que se gesta a base de nuevas monarcas, que se sustenta en la ideología del saber, del conocimiento que da valor a la palabra. No me están diciendo nada nuevo. Hay mucho silencio en esta jerarquía.
Hablemos del adoctrinamiento, de la enseñanza de cómo deben ser la cosas, sin matices, sin pasión, pura realidad capitalista.
Mis propias histéricas, me hacen sentir histérica.
Los procesos de entendimiento, los procesos por los que todo se traduce a palabras, llevan tiempo. Ahora puedo decir por ejemplo, que hay veces que, una tiene que rendirse a la época, ha de dejar pasar los trenes que en su momento no cogió y no impedir que otras lo hagan. Supongo que este es un ejercicio de mucha humildad.
Una idea me ronda hace días. Tiene que ver con la idea de control, con la idea de descontrol, con la idea de volverse sorda, con la idea del amor. Con la idea de regresar hacia la vida.
Hablemos de las flores.
Hablemos de que este texto no es bonito, ni guiado, ni coherente, ni tiene linealidad, y quizás tampoco coherencia, pero es un regreso.
Tiene poder, y yo lo veo no desde atrás sino desde mi posición.







